Liquidar reservas para sostener el dólar: ¿La última jugada de Caputo?
El Central no para de vender divisas y julio se apresta a ser el segundo mes consecutivo con saldo negativo en la acumulación de reservas. El pico del paralelo a $1500 empujó al ministro a una estrategia cortoplacista de supervivencia. El campo no liquida y no aparecen préstamos ni enviando oro al exterior. ¿Cuánto crédito le queda al rockstar?
El “mejor ministro de Economía de la historia” está en aprietos. Aunque Javier Milei lo haya calificado así de exageradamente, lo cierto es que Luis Caputo está bien lejos, en su segundo tiempo y tras un fracaso rotundo en el primero, de ofrecer resultados sólidos que hagan pensar en su estabilidad al frente de la economía del país. A los incontables datos que se acumulan semana a semana en relación a la recesión económica y el aumento del desempleo, los últimos meses fueron particularmente complejos para el oficialismo en el campo financiero y en la acumulación de reservas, aspectos centrales en la perspectiva de Milei que no deben tener muy contento al presidente economista.
El Gobierno enfrenta el problema más estructural de la Argentina, que Caputo prometió resolver y ante el cual aún no obtiene respuestas: la falta de dólares. Los primeros meses de gestión, marcados por la devaluación, el impacto de la recesión y brutal ajuste del gasto público, le permitieron al oficialismo avanzar en una incipiente acumulación de reservas que en gran medida se explicó por la suspensión de pagos de deuda, transferencias a las provincias y recortes como el de la obra pública. Pero esa manta corta generada a la fuerza se fue achicando al calor de un tipo de cambio que quedaba cada vez más atrasado y que no conforma al sector que monopoliza la generación de divisas: el agropecuario.
La liberalización irracional de muchos precios de la economía llevó a que la devaluación de diciembre se consumiera en tiempo récord, y para el momento de la cosecha gruesa el campo ya pedía otra actualización, que el Gobierno intenta aún resistir con uñas y dientes consciente del impacto inflacionario que tendría otro salto en el tipo de cambio. Con la baja de la inflación como único activo en sus manos, el oficialismo quedó atrapado entre el cumplimiento de su principal promesa electoral y las exigencias del único sector que tiene en su poder los dólares necesarios para sostener la estabilidad cambiaria.
Las presiones devaluatorias llevaron para mediados de julio el dólar paralelo al récord de los $1500 y terminaron forzando una estrategia de supervivencia que siembra más dudas que certezas sobre cuánto tiempo puede aguantar. El Gobierno decidió, a través del titular de Economía, intervenir en el mercado de cambios para bajar la cotización de los dólares financieros y achicar la brecha, desesperado por evitar un rebote en el aumento de precios que hiciera crujir el único éxito que puede mostrar hoy ante la sociedad. Los daños colaterales los sintieron las reservas del BCRA, que van por su segundo mes consecutivo con saldo negativo, y la consecuente desconfianza del mercado que impacta en el riesgo país y la falta de liquidación por parte de los agroexportadores.
Con los anuncios del 15 de julio se produjo un cambio en la tendencia alcista de las reservas. La semana siguiente a los anuncios tuvo dos días de fuertes ventas de dólares por parte del Central de 62 y 106 millones, que determinaron un saldo negativo para la semana. En las últimas 5 rondas el BCRA siguió vendiendo dólares para sostener los financieros y el paralelo: fueron saldos de -1 millón 24/7, -25 millones el 25/7, -92 millones el 26/7, y los primeros dos días de esta semana continuaron con resultados de -124 millones el 29/7 y -64 millones este martes 30/7.
Así, los últimos movimientos del BCRA llevaron a que las reservas pierdan unos 140 millones de dólares y queden en USD 26.992 millones, el valor más bajo en cuatro meses. Sin contar mañana, último día del mes, el Central registra un rojo de 100 millones de dólares en julio, que sumará al saldo negativo de USD 47 millones de junio. Será la primera vez en el Gobierno de Milei que el BCRA acumule dos meses seguidos con reservas a la baja.
El oficialismo empieza a meterse en un cuello de botella marcado por la estacionalidad, la falta de apoyo financiero externo y las presiones de los exportadores por una nueva devaluación. El campo no está liquidando y los dólares no entran, lo que hace tambalear la estabilidad de un Gobierno que se resiste a un nuevo salto cambiario. La consultora FyO, especializada en temas del agro, calculó que para mediados de mes aún quedaba sin venderse más de la mitad de la cosecha de soja: 27 millones de toneladas sobre las 50,5 cosechadas. Lo mismo sucede con el maíz, donde de las 46,5 millones de toneladas que se cosecharon aún restan por comercializarse unas 21,2 millones de toneladas. El cálculo arroja unos 21 mil millones de dólares retenidos por los productores a la espera de un precio más conveniente.
Milei recibió el apoyo del campo en la Sociedad Rural, pero también sus exigencias. La eliminación de las retenciones y el fin del cepo siguen siendo parte de una agenda incumplida por parte del Gobierno que los productores reclaman. La encerrona es que, sin dólares en las arcas del Central, la salida del cepo se demora, y el desplome de la actividad económica y por ende de la recaudación hacen muy difícil pensar en que el Gobierno pueda prescindir en el corto plazo de lo que recibe por los derechos de exportación del agro.
La pregunta entonces pasa por qué carta le queda bajo la manga a Caputo para conseguir los dólares que el Gobierno necesita y no tiene. Por caso, ya realizó dos envíos de oro al exterior en busca de conseguir un préstamo que aún no llega. La promesa a Milei de que conseguiría entre 10 y 15 mil millones de créditos extranjeros por ahora no es más que fuegos de artificio por parte del Messi de las finanzas, que logró engatusar al propio presidente con su juego de apuestas pero aún no puede pagarle. Con esta política fiscal y cambiaria, parece difícil que el campo vaya a liquidar masivamente los dólares que hoy sostiene en forma de grano. A su vez, la intervención del BCRA en el mercado de cambios para mantener los dólares financieros bajos y aguantar la brecha es una invitación a la formación de activos en dólares por parte de todos los agentes de la economía, lo cual irremediablemente seguirá metiendo presión al tipo de cambio y que sólo podrá ser contenida vendiendo más y más reservas. En síntesis, un perro que se muerde la cola.
El Gobierno está evidentemente más preocupado por disminuir la brecha y seguir mostrando un descenso de la inflación. El pico del dólar blue a $1500 encendió todas las alarmas y forzó un volantazo en la estrategia. Pero como todo lo que viene mostrando el oficialismo en materia de gestión económica, la falta de planificación, las modificaciones en la forma de intervenir, las idas y vueltas sólo exponen nerviosismo e improvisación, algo que el mercado decodifica y que impacta en un riesgo país que volvió a los 1550 puntos y en la caída de bonos y acciones argentinas.
Milei y Caputo enfrentan un dilema para el cual parecen tener una decisión tomada. Ajustar el tipo de cambio para fortalecer las reservas consolidaría la pata económica del Gobierno, acercaría la posibilidad de una salida del cepo, pero tendría el enorme costo político de un importante rebote inflacionario que pegaría en la línea de flotación del relato oficialista. A la inversa, liquidar reservas para contener el dólar y consolidar la baja inflacionaria otorgaría un rédito político, pagando el costo económico de ir secando las arcas del Banco Central. Algo que el Milei candidato y el presidente de los primeros meses criticaría como loco, algo que el presidente al que ya no le molesta echar mano a las estrategias históricas de la casta parece estar dispuesto a seguir haciendo. En última instancia, Luis Caputo aparece como el fusible a saltar en caso que sea ineludible, y la pregunta es si luego de esto le queda algo por tirar, o si estamos frente a su última jugada.